Tarot de la Luz

miércoles, 22 de enero de 2014

VIII: A la que te criaste.

Cuando yo estaba embarazada (el año 2009) no existían las corrientes maternales que hoy sí, esas que están a favor que los niños tomen teta hasta que quieran o andar trayéndolos en mochilas o bandoleras siempre. De hecho eran recaras y con suerte existía una sola tienda que las vendía.

Pero como siempre he sido más bien intuitiva para mis cosas, de esa manera comencé a criar a mi hija -una vez que agarré confianza con la maternidad y alejé a los miedos a TODO-. Podría definir mi estilo de mamá "a la que te criaste".

¿Es buena/correcta mi manera de criar a mi mojona de 4 años y 5 meses? No tengo idea. En serio. Acá unas muestras:

1. Mi hija tomó tetita hasta que ella quiso: tres años 7 meses. Claro que a esa edad tomaba sólo en la noche y en la mañana, la leche no me mojaba toda la ropa ni tenía que sacármela. Para el día de la mamá me dijo que no quería  más y listo. Se acabó.

2. A pesar de tener su dormitorio con cama, juguetes, tele y cortinas ad hoc, duerme con nosotros. Y como vivo en una casa entera chica, tenemos cama de dos plazas. Pero no dormimos incómodos, estamos acostumbrados con mi hombrón. Una vez intenté que durmiera en su cuna, pero los rollos sobre asesinos de guaguas que duermen solas fue más fuerte. Existe gente que me dice: pero dicen que hace mal. ¿Quién lo dice, mal de qué manera? Están los otros que se preocupan de la vida sexual nuestra, pero deben ser esos lateros que sólo tienen sexo en su cama, supongo yo.

3. Cuando le busqué jardín infantil fue el que más me tincó. Llegué, dejé que las energías se mostraran (me fijé si las tías tenían caras de chatas, si algo me mostraba que había mal ambiente laboral, si había muchos niños llorando con hipo), y listo. Jamás pedí algún papel que  me mostraran que le iban a enseñar o el marco valórico. Me importó que no fuera católico (en esta casa la religión es el Amor) y que tuviera harta área verde. Y cuando caché que  mi chanchi se sabía los números o las letras me admiré de lo bien que le enseñan, de lo harto que ha aprendido.

4. Mi hija se demoró harto en hablar. A los dos años y medio decía casi nada. Jamás nos preocupamos porque todos los niños hablarán alguna vez. Ni ahí con las los promedios (que tienen que decir 5 palabras al año y tanto, por ejemplo) ni con llevarla a algún especialista. Pero llegó el momento en que la tía del jardín me dijo que igual probara con una fonoaudióloga. La llevamos a una antroposófica, que la hacía jugar y la chanchi la adoraba. Na de repetir como lora, sino que juegando aprendía. La di de alta unas sesiones antes y "a la que te criaste" de nuevo.

5. Mi chanchi no come ninguna fruta ni verdura. Cuando guagua sí, pero cerca de los dos años decidió ser mañosa for ever. Hemos intentado algunas técnicas y mi hombrón logró que tomara jugo Guallarauco de mango. Es seca pa la carne, papas, fideos y arroz. Pal cargo de conciencia le compré fideos integrales. Sinceramente estoy convencida que llegará un momento que comerá frutas y verduras, pero no la obligo ni creo que está enferma por no comerlas.

6. Mi chanchi dice garabatos. Si los digo yo, ella también. Claro que sabe dónde decirlos y dónde no, aunque el verano pasado fuimos a una piscina con toboganes y mi hombrón (que es gatuno y parece uno) se cayó y nos reímos mucho. Entonces ella -de tres años- contó que el papá se "sacó la chucha". Vergüenzas que una pasa a veces.

7. No le dice tío ni tía a nadie. No me gusta. Como no tiene costumbre, le dice "abuelita" a todas las señoras que le presento como la abuela de alguien, y a los demás por el nombre. Como muchos de ustedes no conocen a mi hija, es muy cariñosa y respetuosa, pero te dice por el nombre.

Cuando veo a mamás en el Facebook (o en mi consulta) estresadas porque sus hijos no llegan a los estándares que tienen los médicos o algunos especialistas y hacen que sus hijos se estresen más por lograr un estándar, me dan ganas de decirle que se relajen, que cada niño tiene su momento, su hora, su tiempo de hacer y lograr esas cosas maravillosas de la niñez. Ni antes ni después.

Pero también sé que debo callar y dejar que cada una encuentre su camino a su manera. Aunque no me guste o vea cómo se va a enfermar de tratar de ser pefecta mamá con perfectos hijos. O como dice una gran gran bruja que conozco: no existe la familia piloto.

Mientras tanto, disfruto de la niñez con mi hija. Con algunos cargos de conciencia eso sí, no hay caso.





1 comentario:

Dalianais dijo...

jajaj excelente me parece, si fuera mamá, tal vez lo haría igual...Cariños!!